Los días en los que cuento algo por aquellos en los que no contaré nada

Supongo que es algo ya sabido que los escritos de Marco Aurelio, esos que suelen estar compilados bajo el nombre de Meditaciones, eran anotaciones que se hacía para sí mismo. Sin embargo, se suele, o solía, pensar que eran cosas que se dirigían a una segunda persona, al otro, al resto de los mortales. Si se considera como lo que parece ser que son, esto es, anotaciones para sí mismo, la cosa cambia bastante. Marco Aurelio se estaba hablando. La publicación de la editorial de Errata Naturae, que es la que conservo en formato físico en casa, le ha puesto a este conjunto de anotaciones del emperador filósofo el título de Pensamientos para mí mismo. Según recuerdo que comentaban en alguna parte que yo haya leído, la razón de haberlo llamado así puede deberse a que sea una traducción más exacta del original. Lo desconozco realmente.

El de abajo es un fragmento de las Meditaciones de Marco Aurelio con el que he vuelto a dar hoy después de ojear el volumen ilustrado de Errata Naturae (2017:

¡Qué fácil es desterrar y borrar todo pensamiento que te turba o importuna, y recobrar en un instante la calma perfecta! (Libro Quinto/II, Pensamientos para mí mismo, Marco Aurelio)


Esta de arriba es una forma como otra cualquier de retomar el curso de las cosas. La lectura revisitada es una de ellas. Tampoco quiero hacer de este acto nada trascendental; casi es una excusa para regresar al blog un día más para anotar lo que parece querer tener un lugar en este espacio. Como digo en el título de esta entrada, son los días en los que cuento algo por aquellos en los que no contaré nada.

Y esto es lo que me apetecía contarme hoy:

Puede que la persona que tengas delante se esté sumergiendo en un océano profundo y oscuro y tú no te des cuenta.

Puede que la persona que tengas delante te grite palabras de afecto y tú solo estés oyendo los gritos.

Puede que la persona que tengas delante permanezca muda porque no le llegan las palabras y tú la consideres falta de empatía.

Puede que la persona que tengas delante sea tan sencilla que tú la consideres una auténtica simpleza.

Sin embargo, si las historias visten a cada una de esas personas que tienes delante, con todo el ornato que le es posible a una obra literaria o una producción cinematográfica que explora el contraste a lo largo de un tiempo contenido y un espacio indefinido, entonces puede que sientas una enorme disposición a escuchar a esa misma persona que antes no escuchabas, a socorrerla, a admirarla en la bella complejidad de su sencillez.

La vida es algo más prosaica, ¿no es cierto?

También puede ocurrir que la persona que tengas delante sea todo lo contrario, pero que merced a la poesía y la relevancia de sus actos en el mundo, sientas el deseo de conceder, admirar, excusar, sobre todo si ya no están en este mundo, sobre todo, si han trascendido.

Todo esto es muy ambiguo, ¿verdad? Pero solo se me ocurre expresarlo así, porque si lo expreso de una forma prosaica, y estoy segura de ello, de inmediato te sentirías impulsada a invalidarlo.


Encontré la imagen de abajo, del Palacio de cristal en el Parque del Retiro en Madrid. Debe de ser una fotografía tomada en la época de esa gran nevada en dicha ciudad, que sucedió entre el 6 y el 11 de enero de 2021. Abrí el portátil y apareció como imagen aleatoria de fondo de escritorio.

Qué bonita parece, ¿verdad? Si viera tal escenario sin saber que se trata de un lugar que conozco bastante bien, diría: ¡Oh, qué bonito!, ¡cómo me gustaría estar ahí! ¡Qué espacio tan diáfano y tranquilo!, ¡qué inspirador! ¿Dónde estará? Yo quiero ir ahí definitivamente… Quizá a las estepas de Siberia, al palacete de invierno de una película de antaño.

El recuerdo de Las casas verdes

Hablando de Poe…

Pues resulta que cuando yo andaba cursando algún año de mis estudios de universidad, un día me encontraba en una clase de literatura norteamericana tomando apuntes, o cosa parecida, acerca de Edgar Allan Poe. No recuerdo qué nos estaban contando exactamente, pero sí recuerdo que entre las líneas de un folio que estaría utilizando entonces para anotar asuntos claves de la lección, me puse a dibujar algo parecido a tres edificios pequeños (imagino) de estilo más o menos románico. Tres casas, una capilla con dos casitas adyacentes… No sé muy bien qué eran. A mí el estilo románico me atrae y me atraía en esa época. La cuestión es que luego esas tres casitas o piezas de una sola edificación pasaron a ser un lienzo. Las pinté de verde y las situé en el centro de un escenario donde el suelo era más bien gris (que yo recuerde) y el cielo estaba cubierto por una nube amenazante púrpura. Lo llamé Las casas verdes.

El otro día, leyendo el capítulo que trata del arcano número 13, o la Muerte, en el libro en el que Sallie Nichols habla acerca de los arcanos mayores del tarot, me encontré con la cita del poema de Edgar Allan Poe de título A Dream Within a Dream. Y aquello me gustó. Una semana después de la lectura de Nichols, encontré una imagen en internet de un edificio, una iglesia —supongo— que estaba inmersa, hundida, entre la vegetación. Me apeteció dibujarla y solo cuando estuve a punto de terminar con el color, me vino la memoria de ese lienzo de Las casas verdes que tuvo origen en una clase de literatura de Poe.

Por aquel entonces me gustaba dibujar edificios románicos, iglesias, lugares de recogimiento. Eso es lo que recuerdo y de pronto regreso a esos motivos.

Este es el poema de Poe al que me refería:

A Dream Within a Dream (Edgar Allan Poe)

Take this kiss upon the brow!
And, in parting from you now,
Thus much let me avow —
You are not wrong, who deem
That my days have been a dream;
Yet if hope has flown away
In a night, or in a day,
In a vision, or in none,
Is it therefore the less gone?
All that we see or seem
Is but a dream within a dream.

I stand amid the roar
Of a surf-tormented shore,
And I hold within my hand
Grains of the golden sand —
How few! yet how they creep
Through my fingers to the deep,
While I weep — while I weep!
O God! Can I not grasp
Them with a tighter clasp?
O God! can I not save
One from the pitiless wave?
Is all that we see or seem
But a dream within a dream?


¡Toma en la frente este beso!
Y déjame ser sincero
ahora que parto: yo creo
que no está errado quien diga
que han sido un sueño mis días;
pero si huye la esperanza
por la noche o de mañana,
en visiones o sin ellas,
¿cambia el hecho de que huyera?
Lo que creemos ver o vemos
es solo un sueño en un sueño.

Frente al tronar de las olas
que castigan esta costa,
ciño con fuerza en la palma
granos de arena dorada.
¡Son tan pocos! Y qué pronto
se me escurren hacia el fondo,
¡mientras lloro, mientras lloro!
¡Oh Dios mío! ¿No puedo apretarlos
más firmemente en mi mano?
¡Oh Dios! ¿No puedo salvar
ni a uno del mar voraz?
¿Es lo que creemos o vemos
tan solo un sueño en un sueño?

(Esta versión en español la he extraído del ejemplar bilingüe de Penguin Clásicos (2020), El cuervo y otros textos poéticos)

Realmente la obra poética de Poe merece la pena. Aunque me gusta su narrativa, tengo la impresión de que prefiero su poesía.


Un dibujo para despedir el mes de noviembre de 2025 en el blog y una frase que surgió cuando lo terminé: «Yo siento que tengo algo que decir, pero no sé dónde dejarlo».

Os deseo una buena entrada de diciembre🍂🪾

Jugar

Hoy 20 de octubre es el día mundial del perezoso. Lo dice Google.

Photo by Camilo Laverde on Pexels.com

No pensaba empezar esta entrada con esta noticia, pero siendo el perezoso un animal que me gusta mucho y portando tal nombre debido a su lentísimo movimiento y lentísimo proceso de vida, me ha parecido bueno integrarlo en lo que voy a contar a continuación. Hoy voy a empezar a hablar de jugar.

No se trata de una definición ni de buscarle un sentido a dicha acción, la de jugar, sino de mencionar un reencuentro personal con la idea de jugar, esa cosa que solía hacer de pequeña. A partir de ello, irán surgiendo otras curiosidades que posiblemente compartiré en lo sucesivo, solo porque me apetece.

Empiezo. Estaba leyendo hace un par de días un libro que va de un encuentro entre un poeta-juglar y una médium. Se encontraron en el lugar donde vive la médium, en una población del Prepirineo catalán, para hablar de, entre otras cosas, de los arcanos mayores del tarot. Más adelante (en otra entrada) diré qué son esos arcanos. Supongo que hablaron de muchas cosas de la vida y de muchas cuestiones vitales. El libro está editado de una forma cuidada, bella, bonita, lúdica, visualmente atractiva, con alusiones constantes a la poesía y a los poetas, a la experiencia de la vida, y decorado de forma especial por la médium, Amor Estadella, con sus dibujos representando cada uno de los arcanos mayores a su manera.

Pues bien, menciono este libro porque más abajo voy a anotar una cita de Amor Estadella en la que me voy a basar para hablar de mi experiencia con el juego, o para iniciar esta serie de entradas en las que, entre otras cosas lúdicas, también hablaré del tarot. A lo largo del tiempo, así, podré entender por qué a partir de este encuentro (o quizá no se debiera a ello, pero es lo mismo), mi cabeza se ha esclarecido y he hallado una forma de significarme que no necesita de demostraciones a nadie, y menos a mí misma. Antes bien, solo siento apetencia de compartir curiosidades que pudieran, en el mejor de los casos, incitar al juego, a la observación o a la contemplación. Es posible también que no inciten a nada. En ese caso, no es un problema. Precisamente la ambición del juego (el juego no competitivo) es eso, que no ambicione nada. Todo es construcción, deconstrucción y reconstrucción. Como ese set de bloques de madera con los que jugaba una y otra vez de pequeña.

Vale, no me adelanto. Lo que ahora quiero es un poco organizarme mentalmente, y como siempre hago, me organizo en el camino. De modo que escribo esta entrada, que solo es un ápice de lo que cuento, y me voy organizando. La cuestión es que me apetece abrir la senda para hablar del juego y del tarot, que son los dos catalizadores de mi creatividad en este momento. Para ello, ahora sí, voy a anotar la cita de la que hablaba antes, la del libro de Amor Estadella (médium) y de Oriol Sauleda (poeta-juglar). El libro se llama, por cierto, Y entonces me dijo (Ed. Luciérnaga, 2025):

«[…]llega un momento en el que la vida física ya funciona por su cuenta (se refiere a las tareas de la vida, en especial de la mujer), y entonces te viene a la mente que hay algo dentro de ti que está por hacer. Cuando estoy en una sesión en situaciones de ese tipo, dirijo a la persona hacia la infancia, el lugar donde reside la auténtica esencia, sin manipulación social. Procuro que recuerde alguna actividad que la hiciera feliz y que tuvo que abandonar. Hay aficiones que pueden comenzar en cualquier momento: una puede crear hasta la muerte, nunca es tarde. El número 31 está vivo siempre que tú lo mantengas con vida».

(1Esta cita pertenece a un lugar en el que está hablando del arcano de la Emperatriz, que ella ha renombrado como La Mujer, y que ocupa el número 3 en la serie de los arcanos mayores.)

Antes de leer este fragmento y este libro, yo ya andaba con mi necesidad de recuperar una memoria particular, la que tiene que ver con el juego en mi infancia. Porque cada vez estoy más convencida de que algo se me perdió en el camino, algún tipo de conexión que luego regresó en la adolescencia y en la juventud de una forma reinventada, disfrazada, quizá dramáticamente disfrazada y muy distorsionada. En cualquier caso, cuando leí este fragmento de arriba, me pregunté: «¿qué responderías tú a esto?»

Intenté visualizar la respuesta, como si estuviera delante de esta mujer. Estaba muy claro. La respuesta sería «jugar». Si por algo me sentí frustrada, incluso sin ser consciente de ello, cuando cumplí doce años, más o menos, fue por el abandono de mi juego con mis muñecos, con mis bloques de madera, con mis barajas de cartas (infantiles), mis cuentos de siempre, mis diálogos mentales y verbales acerca de la historia que estuviera fabricando en torno a los juguetes (físicos o simulados, con amigas y sin ellas). Estaba claro, la respuesta era «jugar». Y la verdad, aquí es donde me detengo de momento, de aquí surgen muchas cosas en las que me he empeñado y no tenían mucho que ver con el original. Aquí es donde me gustaría marcar el comienzo de mi charla empedernida acerca de ese simple acto de significación, el juego. Porque ese es el punto en el que la nostalgia deja de tener sentido y se transforma en posibilidad real.

A partir de ahí ya es solo avanzar según tu organismo necesite, como el perezoso. Cada cual a su ritmo.