Sabemos que los frutos son algo que llegan después del verano. Aquellos frutos que se hacen comestibles.
En algún momento de un taller creativo al que asistí, hace muchos años, el profesor dijo que las novelas no se comienzan en verano.
Yo me digo: «Qué extraño que traigas a tu blog algo que pasó hace tiempo.»
Estos dibujos de abajo los hice en el mismo mes pero en años diferentes, uno seguido del otro. En el 2022 y en el 2023. Estamos en el mayo de 2025. Todavía no ha comenzado el verano. No comenzaré mi novela, sabio profesor, no te preocupes.
Ayer hice algo que he intentado hacer en sucesivas ocasiones: colgar los pinceles. Al fin y al cabo, yo no he sido más que eso que llaman una amateur, y además, una amateur que no asimila, que no se traga, que todo lo que lleva hecho fuera producto de una pasión, de una necesidad. No pertenezco al mundo de los creadores de las bellas artes. Solo tengo una destreza que se ha desarrollado poco más o menos con la práctica. Y de pronto, o no tan de pronto, comprendí que estoy cansada y que no tengo nada más que decirle a los papeles, a los colores, a los trazos, que no sé cuándo comenzó todo y que no sé por qué me ha durado tanto esta festiva presión de crear imágenes.
Anoche soñé, y soñé de continuo, que muchos de mis personajes en el sueño estaban embarazados y que parían de las formas más extrañas. Unos caían desde lo alto mientras parían, si es que eso tiene algún sentido, y otros parían discretamente, en sus guaridas. También soñé que recogía prendas de vestir de algún lugar recóndito y que estaban llenas de microorganismos, que al principio parecían granos de maíz y después musgo, y entonces se abrían como esporas de una seta y despedían una sustancia gaseosa o miles de partículas que quedaban suspendidas en el aire. Ya no recuerdo más. Puede que lo haya recreado todo un poco, pero acabo de contarlo tal como me ha ido saliendo, así que poco debo de haber inventado. Cuando desperté tuve la sensación de haber experimentado el final de una enorme gestación y de su consecutivo parto.
Sí, ya no tengo nada que decir con los pinceles o con las pinturas. De pronto me dije: «Ya está, basta». Me siento mejor observando algo que ya hice, que haciendo algo nuevo. Hay cosas que no querría tener que volver a mirar porque no me dicen nada o porque me dicen demasiado acerca de lo que ya no quiero volver a mirar; hay cosas que redescubro y me veo reflejarme en ellas, me quedo mirándolas y buscando en ellas aquello que me hace querer volver a mirarlas. Y es curioso, las veo alejarse de mí y hacerse independientes de mí y por eso me gustan. Me lo dicen todo. Son pequeños frutos de una carrera de aficionada, relatos testigo de mi vida, quizá mensajes encriptados.
Diré que me gustaría dedicar el blog, a partir de ahora, a esos pequeños frutos pasados que asomarán de vez en cuando como para darles un lugar en el presente, si surge. Aparte de eso, prefiero compartir escritura como extensión de un pensamiento, o en ocasiones como extensión de mi fantasía. Necesito fantasear y necesito imaginar y necesito soltar lastre.
Me he quedado con unas pocas herramientas de dibujo, las que básicamente ya solo estaba utilizando últimamente: rotuladores, grafito y algunas sustancias líquidas como el carboncillo (el resto de materiales lo he regalado y donado). Y aunque me he quedado con esos pocos materiales básicos, no seguiré dibujando asiduamente con el fin de retratar una realidad, un motivo de mi entorno o lo que sea, sino como entretenimiento, como el que colorea mandalas o crea patrones para relajarse o para pasar el tiempo, si acaso, porque puede que ni eso. Siento el mismo alivio que sentía después de los exámenes finales cuando era estudiante. Y ya que he recurrido a este símil para explicarme, me doy cuenta de que realmente es la misma sensación. Del mismo modo había cosas de los estudios que merecían recordarse, pero en general, solo quería que terminaran, alejarme lo más posible de los exámenes. Por el motivo que fuera, hubo momentos en los que quise reengancharme a los estudios, pero el impulso no se consolidaba, no cuajaba en una acción constante. ¿Cómo saber de dónde nos llegan los impulsos? No voy a decir que en el dibujo me he dejado arrastrar por el mismo tipo de impulso, pero se le llega a parecer bastante. Lo importante, en cualquier caso, es que ahora tengo atesorados algunos frutos que me gustan mucho, tanto como para no sentirlos ya míos, sino distanciados y ajenos.
Las nueces
Si no recuerdo mal, este dibujo de las nueces lo hice tomando como modelo unas nueces que recogimos mi marido y yo de un nogal que hay junto a la iglesia del pueblo, por donde caminamos para pasear con nuestra perra. Representa una cáscara abierta y vacía y dos nueces con su fruto encerrado todavía. Era allá por el mes de octubre de 2022, casi un año después de mudarnos al pueblo desde la ciudad. Mi marido me decía que tuviera cuidado manejando la cáscara porque podía manchar bastante, lo cual es cierto. El dibujo lo hice con pintura acrílica, que en su momento me gustaba usar y con la que hice la mayoría de las pinturas durante ese año. Los acrílicos ya no están conmigo, como he dicho antes. Este es un relato testigo de cuando los usaba.

Espino blanco
Al espino blanco le brotan unas florecitas blancas, menudas, bonitas; sus frutos, pues bueno, sus frutos son rojos como los que intenté reflejar en el dibujo de abajo.
También en octubre pero un año más tarde, en 2023, empecé a usar los rotuladores Pitt Artist pincel y los acuarelables Albrecht Dürer, ambos de Faber Castell, y hasta la fecha siguen conmigo. Fue un feliz encuentro el de estos rotuladores y mis necesidades. Sentí la comodidad de inmediato. Aquí, que yo recuerdé, me serví más de los acuarelables. El ejemplar de espino blanco que usé como modelo lo cogí también en uno de nuestros paseos, pero esta vez en una dirección contraria, lejos de la iglesia del pueblo y muy cerca de las vías del tren (pegado a las vías del tren, las mismas que menciono en mi relato La casa distante junto a las vías del tren.)

Castañas
Estos frutos de Castanea sativa, el sencillo castaño que da castañas que sí se pueden comer, parecen erizos en sus caparazones. Difícil hacerte con uno de ellos sin pincharte. Este dibujo llegó unos días antes del espino blanco, pero lo hice en la misma época, octubre 2023, y con los mismos materiales. También recogí el ejemplar en el transcurso de uno de nuestros paseos. En la Calle Real del pueblo, en dirección a la estación de tren de cercanías.
























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